Por la pública presenta:

Dicen que el vino alegra el corazón de quien lo toma.


Y es que no cabe duda: El mundo se ve mejor después de que uno se echa unas copitas de vino, pues además de desinhibirnos y relajarnos también no pone jacarandosos.

Todos hemos visto a un amigo ir cambiando radicalmente conforme va entrándole a la bebida de su predilección. De la seriedad va pasando lentamente a la euforia, y su semblante se vuelve más colorado y risueño. Fascinado por este cambio que el alcohol logra en las personas, el artista Marcos Alberti tuvo la idea de ir fotografiando a distintas personas cada que tomaban una copa de vino.

El resultado es una maravilla:

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Fuente: Sopitas

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