La xenoglosia es la habilidad de hablar otros idiomas por ciencia infusa, sin haberlos aprendido antes. Existen casos documentados de xenoglosia en nuestra historia. ¿Eso quiere decir que existe este fenómeno?


“Un hombre se despierta en su habitación de hotel hablando sueco por primera vez en su vida”; “Inglés se levanta hablando galés tras un infarto” y otros titulares de la misma índole han sido vistos salpicando aquí y allá algunas publicaciones. La xenoglosia es un término que define la capacidad de hablar una lengua que jamás se ha aprendido. Pero, ¿es posible “despertarse” hablando otro idioma distinto al nuestro sin haberlo aprendido antes? La respuesta es… no. No es posible. Pero no vayamos tan rápido, pues no está todo dicho.

El origen paranormal de la xenoglosia

Habitualmente se atribuye a la xenoglosia un origen sobrenatural o paranormal. De hecho, la xenoglosia está contemplada en materia de fe, junto al “don de lenguas”. En ambos casos la persona es capaz de hablar un idioma que desconoce por completo de una forma infusa. El don de lenguas, en el cristianismo se le atribuye a un don otorgado por Dios. La xenoglosia es un poco más peregrina y no siempre está sujeta a cuestiones teológicas. Puede deberse a una “posesión”, a la influencia de un poder gnóstico o cualquier otra razón mística. Pero, ¿en qué consiste exactamente? Sí, tal y como decíamos, la xenoglosia consiste en comenzar a hablar de repente en otro idioma completamente distinto del nativo. En casi todas las ocasiones esto está sujeto a una imposibilidad de la persona para hablar su idioma natural, aunque existen casos más raros en los que se comparten ambas lenguas. Sin embargo, estos últimos están más relacionados con un estado de fuga, amnesia u otras cuestiones psiquiátricas. Pero entonces, ¿la xenoglosia existe?

Cuando te levantas hablando sueco

Todo tiene su explicación. La práctica totalidad de los casos de xenoglosia han sido documentados como parte de un problema de origen neurológico. La gran mayoría de ellos está relacionado con un suceso traumático, un problema de riego sanguíneo o un accidente. También el estrés tiene mucho que decir. En definitiva, un problema que provoca un cambio en nuestro cerebro. Nuestro sistema nervioso central es increíblemente complejo. Poseemos centros neuronales dedicados exclusivamente a la comunicación: oír, procesar, entender y responder, por ejemplo. Existen desórdenes que impiden que la parte derecha del cerebro se comunique con la izquierda. O lesiones que impiden que podamos articular ni una sola palabra, aunque entendamos lo que queremos decir. Uno de estos problemas puede ser, precisamente, el impedimento de hablar nuestra lengua nativa. Una lesión en el área de broca puede impedir que hablemos correctamente, formando oraciones o, incluso, emitiendo palabras con sentido. Así, de pronto, empezamos a hablar con palabras remotamente parecidas lo que queremos decir, sin posibilidad de darle un sentido realista. A este fenómeno en concreto, más que xenoglosia se le conoce como glosolalia. Acabamos de despertar “hablando sueco”.

La falsa xenoglosia

Pero probablemente todavía no estemos contentos con la explicación. Y lo cierto es que en realidad la xenoglosia, como tal, la real… no existe. Pero entonces, ¿los titulares de los que hablábamos son falsos? No, ni mucho menos. Pero se refieren a falsos casos de xenoglosia. Y son falsos porque en realidad las personas de las que hablan sí estudiaron en su momento alguno de los idiomas que pretenden hablar. O recuerdan palabras aprendidas en otro idioma como parte de sucesos anteriores en su vida. Así, existen numerosos casos documentados en los cuales estos afectados, de pronto, comienzan a soltar una perorata de palabras con origen en otro idioma pero mezcladas con el suyo propio o mal empleadas. Por ejemplo, un famoso caso de un paciente italiano que debido a un problema coronario comenzó a chapurrear francés. Era imposible tener una conversación extensa, pero se podía comunicar medianamente y con palabras y oraciones sacadas del francés. Esta persona había aprendido algo de francés en el instituto, unos cuarenta años antes.

El caso del hombre que comenzó a hablar sueco del que hablábamos antes es más complicado ya que se refiere a un caso de amnesia orgánica que provoca lo que se conoce como “estado de fuga” y Amnesia Global Transitoria. Estos términos describen una situación en la que la persona no es consciente de quién es realmente, perdiendo los recuerdos más cercanos. De pronto se convierte en otra persona que recurre a una identidad y unos recuerdos mucho más antiguos. La gran mayoría, incluso, olvidados. Así, no es tan asombroso que dentro de un caso tan extraño el hombre comience a hablar de nuevo el sueco que aprendió décadas atrás y del que ni recordaba una palabra. Aunque, insisto, su caso es más curioso si cabe no por la xenoglosia sino por el estado de Amnesia Global Transitoria al que estaba sometido.

Que no, que no existe la verdadera xenoglosia

Por desgracia (o por suerte), no existe ninguna razón científica para creer en la xenoglosia real. No hay ninguna manera de aparecer de la noche a la mañana con un nuevo lenguaje bajo la manga. Aun así hay quién defiende la existencia de casos poco aclarados en la historia. Efectivamente, existen casos extraños y cuyas explicaciones no han terminado de convencer a nadie. Pero la gran mayoría de los mismos tienen una razón más sencilla: no están bien documentados. Y es que la gran mayoría se refieren a casos ocurridos mucho, mucho tiempo atrás. En otras ocasiones sencillamente no tenemos una explicación fisiológica. Pero eso se debe principalmente a que todavía nos falta mucho por conocer de nuestro cerebro. Así que, si quieres aprender un idioma nuevo, lo mejor es ponerte a estudiarlo. Si pretendes aprenderlo por xenoglosia, probablemente acabes chapurreando un tipo de sueco que no entenderá nadie.

 

Fuente: Periódico Central

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