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Una estudiante con corazón de valiente

¿Cuánto valor se necesita para perseguir a un ladrón? ¿Con cuánto coraje lo atrapas y le exiges que te devuelva tus pertenencias arrebatadas?


Esas respuestas nos la da Erika, estudiante del último año de bachillerato en el Centro Escolar Gregorio de Gante ubicado en San Jerónimo Caleras.

Con promedio superior a 8, su aspiración es estudiar ingeniería electrónica en el Instituto Tecnológico de Puebla, por lo que todos los días estudia a conciencia preparándose para el examen de admisión de dicha institución.
En la pared en la que se apoya su cama, un sinnúmero de notas y apuntes le recuerdan fórmulas matemáticas y procedimientos que debe tener presentes para entenderlos y saber aplicarlos con el objetivo de  hacer realidad su sueño universitario.
Decidida y tenaz, con valor para continuar sus estudios pese a carencias económicas y dificultades familiares, con una sonrisa llena de valentía nos relata como se enfrentó al joven, casi niño, que le arrebató su teléfono celular mientras ella caminaba al lado de su mamá y de su sobrina de dos años.
“El 10 de mayo, mi mamá y yo veníamos del festival del Día de las Madres, yo traía a mi sobrina de la mano y en la otra mano mi teléfono.
Vi un chico que venía hacia mí, nos vimos a los ojos y en menos de un segundo me arrebató mi celular.
«Solté a mi sobrina y quise jalarlo, pero él se echó a correr, y yo atrás de él, no pensé nada, solo que debía ir por mi teléfono” persecución que se dio a lo largo de un par de calles.
Los gritos de su mamá alertaron a algunos vecinos que pasaban por la zona, mientras hubo quienes se hicieron a un lado, hubo uno que con su moto auxilió a Erika a alcanzar al ladronzuelo –que después sabría, tiene 15 años, razón por la cual fue liberado y quedó sólo bajo la responsabilidad de su mamá-.
“Fui detrás de él porque no era justo que me quitara algo que a mí me costó, es injusto que un niño de 15 años me quitara mi celular”.
Tras haberlo asegurado, la ira de algunos de los testigos los llevó a intentar darle una lección a base de golpes, sin embargo, al lugar llegaron policías municipales que se hicieron cargo de la situación.
Al revisarlo, entre sus pertenencias le encontraron dos teléfonos más que minutos previos también había arrebatado a otras estudiantes, una de las cuales llegó al lugar y reconoció tanto al agresor como su equipo de telefonía, sin embargo, el teléfono de Erika no apareció.
“En el momento que iba atrás de él, se cae y avienta los celulares” los cuales fueron levantados por una señora y se los entregamos a los policías, pero entre esos equipos no iba el que le había arrancado de las manos.
En la delegación, horas de trámites concluyeron en el compromiso de la madre del señalado en pagar antes de un  mes el costo del celular comprado a plazos de 12 mensualidades.
Sin que aún se cumpla la fecha, el principal temor de Erika era que no le repusieran el teléfono que pagó trabajando los fines de semana pintando casas, pero ahora su verdadera preocupación es por su integridad, ya que el presunto delincuente resultó ser vecino de la zona donde ella vive y la ha señalado ante un grupo de jóvenes que se han dedicado a seguirla.
“Me han seguido, fui con una compañera (de escuela) a un concierto y la mamá de mi compañera nos dijo que nos estaban siguiendo”.
Al día siguiente, a la hora de su paso al salir a la escuela, nuevamente los encuentra y a decir de algunos vecinos, en una tienda este grupo expresó “por aquí vive la chica que golpeó a un niño de 15 años, no es justo que lo haya golpeado por haberle robado un celular”.
Por estos hechos, ella levantó la denuncia correspondiente, la cual ya fue notificada a los tutores del menor, mismos que fueron citados ante la autoridad competente.
Concentrada en estudiar para su próximo examen de acceso a la educación superior, Erika quisiera poder contar nuevamente con su teléfono, pero sobre todo con la tranquilidad de que no habrá ninguna agresión por parte del menor señalado o de amigos de éste.
Confía en que las autoridades hagan su trabajo, y que la persecución en la que participó, producto de la descarga de adrenalina y la defensa de su propiedad material más preciada, a largo plazo solo sea un pasaje anecdótico y no un motivo de arrepentimiento, como le han señalado algunas voces, en el sentido de que no debería haber perseguido a quien le robó su teléfono, porqué el riesgo que corrió fue demasiado, igual que las calles que recorrió en su persecución.

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Last modified: 24 mayo, 2016

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