En México hay aproximadamente 900 mil psicópatas y en el mundo la proporción de los individuos con ese trastorno oscila entre el uno y el tres por ciento de la población, mientras que en las prisiones llegan a representar una cuarta parte de los reclusos, afirmó Feggy Ostrosky, académica de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.
Estableció que vivir en un medio hostil y haber padecido violencia derivada de experiencias traumáticas, son algunos factores biopsicosociales experimentados por esos sujetos; parte de sus estudios fueron en reclusorios estatales y federales de alta seguridad con personajes como Juana Barraza, “La Mataviejitas”; Daniel Arizmendi, “El Mochaorejas”, así como maridos golpeadores y policías judiciales.
De esa forma dejó claro que las emociones tienen efectos en nuestros cuerpos, atención, memoria, razonamiento y en las relaciones íntimas y socioculturales, que se encuentran en todas partes y pueden ser abordadas desde distintas ramas del conocimiento.
Al impartir la conferencia Emociones, cerebro y violencia, la también directora del Laboratorio de Neuropsicología y Psicofisiología detalló que la tristeza, el miedo, la alegría e incluso la agresión son elementos constitutivos de la salud mental.
En la Casa de las Humanidades, señaló que con frecuencia esas personas fueron hostilizadas de forma crónica, de ahí la importancia de realizar estudios detallados con el objetivo de entender qué genera esas personalidades.
En el Seminario Universitario sobre Afectividad y Emociones (SUAFEM), dijo que de hecho así es factible anticipar su repertorio de agresión y calibrar con precisión la manera más efectiva de apaciguarlas o desarmarlas.
La violencia primaria incluye los trastornos antisociales de la personalidad y la psicopatía, la cual tiene un factor genético que interactúa con el medio ambiente. También existe la sociópata, que tiene un componente adquirido y puede dividirse en neuronal y social.
En contraparte, la depresión, fobias, manías y las actitudes violentas son manifestaciones de alteraciones del aspecto referido. El humano es naturalmente agresivo, pero posee neuronas especializadas en identificar señales para reprimirse (por ejemplo, algunos gestos infantiles mueven a la ternura). Estos inhibidores operan siempre y cuando el atacante no esté trastornado, dijo.
Fuente: https://elsoldemexico.com.mx
Last modified: 1 junio, 2016